nunca he levantado la mano a nadie
ni pienso hacerlo-
sor Fresia me hacía cura,
mi madre gorrión
y mi padre abogado
¡de la naturaleza soy dominio!
/en cambio tú/
sólo sembraste odio
y cosechaste plomo.
nunca he levantado la mano a nadie
ni pienso hacerlo-
sor Fresia me hacía cura,
mi madre gorrión
y mi padre abogado
¡de la naturaleza soy dominio!
/en cambio tú/
sólo sembraste odio
y cosechaste plomo.
Empapada golpeó la puerta,
el refrigerador abrió sin nada encontrar.
Y aunque no es amante de los completos,
supo comerse un as.
Delirios
Cuando a tu casa entré
nueve baratas escaparon bajo mi cama.
Pensé encontrarte en la esquina, mojada,
soñé el ingrediente mágico para la locura.
Mi vida está terriblemente exagerada
por los mitos, es verdad
todo lo que se diga de mí ;
una botella, una pera y mi baraja
es cuanto necesito para transformarte
en algo mejor que el OtRO.
Eres un medio natural,
reina de espejismos, viajero de copas;
yo reía con descubrimientos subatómicos
cuando llegaste telepáticamente
cada coma sobre tu vientre
imanó materia negativa,
creía estar perdiendo el juicio
una campanilla, una brújula, una nuez
me regresaron a tus lides.
Cuando a tu casa entré
nueve baratas escaparon bajo mi cama.
No hay yerro más grande, pecado no existe,
que podar la lujuria
con que estrellan los aviones.
Baja sus escaleras rojo córcel del desierto,
precioso djinn impregna tus labios
galopa fuera de ese túnel.
¡Hacia el eterno siempre nunca jamás!
Me temo que no serás la madre de mis hijos, te dije
y sin embargo no
desmerecerás hurgar bajo
mi corazón con tu arpa
el problema no representa ningún problema
la alquimia entre lo que escribo
y lo que estás soñando
es perfecta,
mas no lo recordarás.
La micro abre la puerta y entre todas las cabezas, el vapor y los abrigos se ve el paradero. Una pareja de quinceañeros atracando, un universitario borracho, un vendedor de calugas. Toda una línea de tiempo piensa, mientras se echa un monedero de vieja en la chaqueta.
"Ir y quedarse, y con quedar partirse"
El departamento era una fuente de silencio. Afuera, la torrencial lluvia acechaba la setentera noche de la población Juan Antonio Ríos. Doña Edelmira, sentada sola en la mesa, miraba la ventana y esperaba. En la pieza, Elba, su hija menor, intentaba concentrarse en unos versos de Calderón que tenía que memorizar por obligación.
De pronto Elba escuchaba a su madre ponerse de pie y abandonaba el libro para escuchar bien. “¡Viva Allende Mierda!”- se escuchaba a lontananza. Doña Edelmira ya bajaba la escalera del block a toda prisa. Elba la seguía bajo la lluvia. Empapado, por dentro de vino y por fuera de lluvia, el loco Varela volvía a su casa después de haber desaparecido por cuatro días. Se asoman por las ventanas las viejas copuchentas y también las otras. Pobre doña Edelmira piensa la población. Cállate hueón que te van a matar- le implora doña entre sollozos. “¡Y que me maten los hueones, si es pa lo único que sirven! ¡Cobardes! ¡Asesinos!” grita Varela, convertido en una estropajo humano. Cállese papá por favor- le dice Elba mientras lo apura en andas. El hombre pierde el equilibrio y tropieza, con tanta torpeza que cae junto a Elba. Las lágrimas de doña Edelmira se distinguen entre el chaparrón. Se abre la puerta del departamento 12 y sale el Chamelo. Como lo hace a diario con los sacos de papas, carga sin dificultades el cuerpo de Varela sobre sus hombros y lo lleva hasta el departamento. En el camino, el loco grita insultos contra el Ejército chileno, siempre vencedor, jamás vencido.
Pendejos pastabaseros me persiguen
Hacha en mano, filos de dientes
No se conforman con pasta ni con ninguna mierda
Han sobrepasado el límite impuesto de la dependencia
Quieren cortarme el duro pelo
Quieren verme morir
Huyo mariconamente
Busco salvación,
Los pastabaseados del pasado
-Hoy trabajadores-
No me pueden ayudar
Nicagando
Las hordas de la pasta se regeneran
En nuevas generaciones
Cada día más insolentes
Con nosotros, los cada día más viejos
¿Es que acaso debemos morir con nuestra juventud?
Marc murmura mentiras mientras mojones manchan mi mente, miasmas mojan mis manos; mi misma madre misma, Minerva mal montada, momia milamores, mira mis miomas maullando milenarias maldiciones maoríes, milagrosos mitos mágicos , maneras mortíferas marginales: ¡Mañana mirarás más mierda mamón, mofletudo mocetón menoscabo marxista malparido mono maraco miserable maldito mapuche maricón!