20080930

Soñábamos
un pasado
desértico y luminoso,
convencía-monos
al desierto
ensueño presente,
desértico y luminoso.


Macheteando acá no se consigue nada más que un resfrío. Será que la gente ya ni a los vagabundos teme; caminan rápido sin siquiera cruzar la calle al ver nuestra presencia, como si ya no fuéramos ilegales, como si ya no pudiésemos esconder cuchillos bajo nuestros guiñapos, como si ya no oliéramos a mierda. Será acaso que nos multiplicamos demasiado, o quizás fueron los cuchillos los que aumentaron, ahora también bajo sus suaves e impunes ropajes. Ya ni al delincuente se le respeta, todo se domestica. En una época fueron los perros, recuerdo, los que dejaron de mostrar sus dientes iracundos a cambio de las sobras de la comida. Poco más tarde vino la perrera y los perros ya no estaban. ¿Con nosotros pasará lo mismo acaso?- la gente de ahora nos da demasiado dinero. Como si quisieran que ya no fuésemos mendigos. Mentira, lo sé. El otro día, incluso, un viejo me pasó mil pesos y me dijo que juntara y me comprara un lustrín. Era viejo y tonto, como yo, e ignoraba que ya nadie lustra sus zapatos, como ignora, también, toda la rabia que he acumulado desde ese día. Como dije, cada día somos más los indigentes, sin embargo, debo aclarar que cada vez me siento más solo. Todos, poco a poco, se van yendo. Lo hacen sin avisar, simplemente desaparecen. El otro día vi al Ñaja, uno que le juraba amor al Mapocho, vendiendo en una pequeña tienda de San Antonio. Así, todos los de mis otrora piños de la perdición, ahora perdidos en sus casas no me recuerdan. Como todos, miran sin ver las calles y su gente. Los mendigos nuevos, éstos que han llegado ahora, son distintos. Su horizonte es siempre inmediato: encontrar una casa, un trabajo, rápido. Le comenté esto a uno de ellos, de los nuevos, que venía de la parroquia de San Sebastián, decía. Me escuchó con atención, algo raro en éstos, y me dijo que en el fútbol pasaba algo parecido con las rotaciones. Me habló de equipos del exterior, que no me hablaban de nada. ¡Eso!- ya ni fútbol juega esta generación de vagos, dicen que tienen frío o hambre, que están cansados, fatigados, que la vida es dura, que los tiempos no están como para eso y si uno les pregunta en qué creen, suspiran y miran al cielo, buscando respuesta en las nubes. Y yo que pensaba que no había manera de valer menos que lo que valía años atrás, cuando eramos temidos, odiados, perseguidos... cuando los niños más pequeños aún nos miraban a los ojos con curiosidad algunos, con miedo otros, nos llamaban "viejos del saco". Mejor matarse, dicen los que no lo hacen, y yo, yo lo repito acá, como todos, sin mucho convencimiento.

20080928

Se dirán muchas cosas al respecto, estupideces quizás, otras ejemplos de sabiduría, pero ninguna de ellas será cierta.


infame

al carajo tu pureza

Dejó de ser reina para convertirse en puta, sodomizada analmente por quien, en un acto de infamia, se escabulló en su alcoba. Resistióse, más sus sollozos y plegarias sólo aumentaban el hambre del violador por penetrar aquel cuerpo fino, de rosadas mejillas y raja levantada. Fueron pocos los minutos de forcerjeo hasta que por fin, la perra ya exhausta, se dio cuenta de que se lo merecía. Voluntariamente cedió y abrió sus piernas. Esta vez la sangre no era signo de muerte, sino de venganza y dominio.



infame

20080927

En memoria de Miguel Ángel Poblete (1966-2008)

Hay preguntas de las que el olvido no puede ser libre y tú, Miguel, siempre lo supiste. Te burlaste de quiénes reducen la verdad a una cuestión de fe o simple pragmatismo. Ahora sí que trabajarás en paz... por nosotros, Dédalo, los que esperamos en este más acá, día a día más allá , cada vez más solos.
-Perro culiao, esto va por sarnoso.

La sangre teñía el suelo.

Fue así como, del tres patas y ciego bastardo, me encargué.



infame

20080924

HE AQUÍ OTRA QUIMERA

Me desvivo viviendo vívidas vivencias;


y la nada,

nacer muerto
para
morir vivo
Las palabras de un parásito pesan menos que él mismo, más no he de enojarme, sino aplastarlo contra el suelo.


infame
Escritores de mierda
maricones que lloran amor en sus páginas
se secan con ellas el dolor
sufrimientos me desangran
pero no sería capaz de manchar
aquel virginal prado blanco
cariño
a ti te dejo mis mejores violaciones.


El infame tila

20080921

DELASINFINITASFORMASDETERMINAR

LA PEOR

20080920

FÍSICA FÍSICA

El mundo se divide en los que se caen bien y los que se caen mal.
¿Y tú, cómo te caes?...




mmm, más o menos...

DE AMOR Y CRÁPULA




¿El Rimbaud de Lo Espejo o el espejo de Rimbaud?


¿O Escubi du?

CARICASOFÍA FILOSOTURESCA (o sentido común)

ERROR EN LA PÁGINA (de aónde, Fa$hito)














dE La DiAlÉcTiCa, La IrOnÍa. De ella, el CAPILATISMO.





Punky v/s Terminator

¿Idea mía o en la fonda me insinuaron, con brutal hipocresía, que razón rima con nación?




Google= Selva;
ahí tenís tu (r)nacionalidad, PAJARÓN.

¡rECÓRCHOLis!- pues que se dañó la cañería del computador.








Afuera hemos de cerrar el candado a los problemas,
cariñito,
enamorados de brillante embriaguez.
















Polanco

20080909

Mi conciencia ha muerto.
Ahora le toca al Estado.


Infame

20080907

PERDER DE VERDAD PARA DAR PASO AL HALLAZGO Juan - Vera









El René me contó que el otro día andaba caminando por una plaza y se encontró con un viejo mendigo, un pobre diablo de esos de Radrigán, Pezoa Véliz, Redolé y toda esa tradición pastabasera anquilosada por el cielo abismal de la burguesía. El harapiento llevaba, como buen limosnero, un guiñapo otrora chaqueta verde olivo que la mugre había contaminado de la misma forma que el tiempo había degenerado su semblante, aún señor de un invierno iracundo. "Un vagabundo, un loco... un ángel" como dice la contratapa de un libro de Kerouac. El René me contaba que tuvo la impresión- para la cual no faltará el positivista negativo que se burle; un payaso- de que ese hombre había sentido el viento tibio del paraíso y se había quedado ciego de sentido común. "¿Me da una monea comparito?", le dijo y el René, como es un buen chato que hubiese preferido invitarlo a un trago, aunque jamás lo hará, puso dos monedas de cien pesos entre las manos negras del hombre y le preguntó "¿Lo que faltaba pa` la cañita?". El pobre se rió, se metió las monedas al bolsillo y respondió "No, no, son para entrar al cibercafé". El René dice que quedó descolocado; ¿Un mendigo al cibercafé?-,"Sí, es que me gusta meterme al chat y empapelar a chuchás a todo el que encuentre". Se caga de la risa el René cuando lo cuenta, mal que mal, algo del tibio viento le rozó la cara.






Polanco
El viejo, desparramado en el patio sobre una hamaca, bebía un tibio vaso de pisco pensando que lo mejor de ser padre era que se podría ser abuelo y que lo mejor de ser abuelo era que se podría ser bisabuelo. Mientras tanto, Miguel, su hijo, se enfurecía frente al computador con un amigo que, según decía la pantalla, le reprochaba haber gastado la plata de los próximos tres meses en una entrada para ver a una super diva norteamericana- cuyo nombre no se pronunciará aquí- que enamoraba, contra su voluntad, a millones de millones en todo el mundo. En la cocina, Mariana, que con los años se ponía más rica, miraba por la ventana a su marido, sobre la hamaca y de nuevo borracho, mientras picaba el cebollín con la destreza de un Barrabás.

20080906

Vivo en un jardín eléctrico, con petunias de neón y hormigas de cobre, en el que las noches virtuales son baratas y los amaneceres de vidrio, largas lombrices de aluminio regeneran metales preciosos y siempre nuevos.


Polanco
Yo no fui,
pero
orgulloso cargo
la honorable cárcel
de tu pereza,
pero que quede claro que
yo no fui,

de haber ido
y de haber sido
habría sido
marcha sin vuelta y sin
ida, y sin
marcha

circular
espectro aguardo,
el retorno inocente de
culpables viajes
al tibio rojo
donde iré jamás,
porque no fui

¿Por qué no fui?









Polanco

20080824

OXÍMORON

Parece que no nos estamos entendiendo, mire, no sé si lo dije bien, parece que quise decir otra cosa, yo sé qué quise decir, y lo dije, la teoría de la enunciación, es eso, sí, a ver si me explico, pero esta no es una escena, no, no me malinterprete, porque qué son los metalenguajes.

Papadoupoulos

JUVENTUD

ahí caí
llorando
dejando una mancha triste de vino en el suelo

20080822

LOS VIVOS ESTÁN DEMASIADO VIVOS PARA PREOCUPARSE DE LOS MUERTOS; LOS MUERTOS, DEMASIADO MUERTOS PARA PREOCUPARSE DE LOS VIVOS

El amorégo tergirvesado

Herodoto, LA DIFERENCIA ENTRE UN ORIFICIO Y UN VACÍO Y OTROS ENSAYOS SOBRE LA GEOGRAFÍA

El Loro, un curao de la plaza Buzeta, soñaba con hacer una película que tuviera una sólo toma que consistiera en una cámara dispuesta sobre la muralla divisoria de dos patios mirando por igual a ambos, con la muralla- muy delgada como casi todo en la arquitectura barata de hoy en día- como división central. La trama sería, en el patio de la izquierda, una carrete desenfrenado en que tres hombres desenfrenados terminan realizando una orgía con dos mujeres, una gorda y otra flaca, preciosas. En el patio de la derecha conversaría dramáticamente un matrimonio sobre la drogadicción de su hijo menor, la pobreza del mayor y la ausencia de la hija restante.

Lástima que nunca ni el Loro, ni todos los pastabaseros que lo escuchaban por obligación, tendrán algo que ver con una cámara, a menos que maten a alguien de mayor valía en pesos.



Polanco
Cuando el profesor preguntó nuestra opinión sobre la obra, Millaray, una loca de mi curso, cuica, rica, engrupida y ciega de su fracaso, dijo que le había parecido una historia demasiado banal, sin ningún mensaje para el público, recargada a lo grotesco y al doble sentido. Yo, tratando de ser lo menos corrosivo que me permitiera mi rabia, intenté enarbolar una teoría sobre la seminalidad femenina para explicar los chistes que no recuerdo de qué manera se conectaba con la idea de que el olvido es una idea metafísica, como la muerte, porque existe sólo en forma de ausencia. Como no supe darle un buen remate a la explicación, se me ocurrió que la mejor alternativa era lanzar algunas chuchadas a los benjamines de la cultura que sólo miraban hacia arriba, al cielo, y hacia abajo, al infierno; nunca hacia la ventana del lado, por la que se asomaba un auxiliar con una mancha de vino- o betarraga- en el delantal. En eso, Millaray se rebajó el escote y levantó la mano indignada para decir "no se preocupe profe, el piter intenta ser una especie de provocador, pero ni siquiera eso le sale bien". Yo, al verme aludido sin ningún ánimo de discutir, interrumpí "¿y que weá?- si no te provoco, no cacareai tanto poh, PAJARONA". Desde ese momento perdí toda esperanza de vengarme en la cama; la guerra era explícita.




Polanco
Gastón, el lamevergas del edificio, escribía a contrapelo un ensayo sobre la administración de medios periodísticos, sin saber que en el departamento de arriba, Fresia lamía la verga de su hijo, Bruno Vidal, quien a futuro realizaría un trabajo poético que obviaba lo ético y violentaría la memoria de detenidos desaparecidos como Fernando- tío de Gastón, el lamevergas del edificio-, cuyos restos están perdidos seis metros bajo un sitio equidistante del mar y Puchuncaví, un pueblo sin mar, envidioso de Horcón, caleta donde los jipis se confunden con la marginalidad para vender unos paraguas con olor a almeja que te dejan hablando hueás como"insurrecto en su recto el pasta se desquitaba sin noción de la justicia"; palabras a las que Gastón reaccionaría con escozor, Fresia con rabia, Bruno con risa y Fernando... Fernando no reaccionaría porque ya se volvió uno con la piedra, que años más tarde un empresario explotará para construir paredes muy alejadas de la gente, lo que no será obstáculo para que el Piter las raye con su estilo de favela brasileña y sus "tags"(seudónimos en paredes) mapuches que reivindican la sempiterna mandíbula que no perdona y no perdonará, y que- como el pasta-, no quiere justicia sin antes venganza.


Polanco

20080820

3





No vi a Danilo por muchos días, supongo que por lo de la pelea ahora no salía mucho a la calle. La verdad es que yo también salía menos. Mi ánimo no era de los mejores por esos días; mi madre me regañaba porque según ella me había vuelto hosco e insolente. La televisión acaparó la mayor parte de mi tiempo por muchos días. Por momentos, el ocio mi niéz solitaria en casa se me hacía insoportable, especialmente a la hora en que la tele sólo transmitía "Los Venegas" y teleseries mexicanas. Aunque más de alguna vez me quedé viendo los griteríos y cachetadas de mujeres que me triplicaban en edad y llanto, de a poco empecé a tomar conciencia de que mi lugar estaba afuera, con el resto de los cabros. Además, ya ni siquiera estaba Danilo entre ellos. No había riesgo; debía volver a la plaza. Y no es que le temiera mucho a la confrontación física, porque ya lo había derrotado una vez, le temía mucho más a un ataque sorpresivo y maletero. El recuerdo de los momentos de amistad me hacían pensar que sería incapaz de hacerme algo así, pero aún así le temía, la magnitud de la herida daba lugar a todo tipo de dudas.

Un día fui a comprar un helado a la botillería y vi al Elvis y al Claudio chuteando unos penales en la cancha. Era enero y el calor infernal se esparcía líquido sobre el pavimento de la cancha, de la misma manera en que el Claudio se revolcaba para sacar un pencazo bien colocado. "¿Se puede?" pregunté, casi como por cumplir un código ritual, porque era seguro que siempre se podía. Yo pensaba por ese entonces que el fútbol era un bien forzoso cuya presencia era ineludiblemente obvia en cualquier futuro que me pudiese imaginar. Con un "se puede" se abrían las canchas de todo el mundo. La pelota la podían acariciar todos, sólo bastaba que tuvieran la decisión suficiente para sacársela al Elvis de los pies. Aunque no resultaba nada fácil quitársela, a él tampoco le resultaba sencillo pasarme y enfrentarse al Claudio, ágil para achicar como nadie. Así se pasó esa tarde en la cancha. Igual que el día siguiente, y los que vendrían, el sol quemaba la piel de nuestras piernas y de la pelota. Llegaban más o menos cabros, pero era cuestión de que se encontraran dos para que el pichangueo estuviera armado. De Danilo, ni rastro. Ahora, años después, entiendo mejor su naturaleza invernal, incompatible con esa aridez. El barro se amontonaba de manera perpétua sobre sus ropas y su pelo negro mojado por la lluvia y por el sudor de sus largos trotes. Porque Danilo, el dañino, era un niño acelerado como pocos. Parecía siempre tener algo que hacer y demostrarle a todos los demás. Subía árboles para, recién arriba, plantear la idea de que subiéramos. Y aunque era uno de los mejores para la pelota, por esos días yo contaba con la certeza de que no se aparecería. Y así fue, hasta el día en que ocurrió lo del Cholo, más o menos así:

Caminábamos con los cabros de vuelta a la plaza, luego de haber robado aceitunas y maní en Lo Valledor. Comíamos y repartíamos el botín mientras avanzábamos hacia mi casa. Íbamos a buscar la pelota para jugarnos una pichanguita. En eso, pasamos por afuera de la casa del Kano, un viejo loco que vivía en la casa contigua a la de Danilo y que hablaba largamente en la plaza a cualquiera que se le acercara. Como siempre, nos ladró el Cholo, un quiltro negro que aún atesoraba entre sus facciones recuerdos de un glorioso pasado labrador. Ahora era un perro que sollozaba libertad desde su patio de cinco metros cuadrados, rodeado por sus propios mojones, soportándolos e incluso pisándolos. Mi padre decía que la cárcel mataba el alma de los seres. Yo de esa forma entendía lo demacrado que estaba el Cholo; como era un perro y no tenía alma, lo que se moría con el encierro no era sino su propio pellejo, y con él toda la dignidad de su estampa temida por tórtolas y conejos. La poca valía que le quedaba la gritaba a los cielos, mostrando sus colmillos infectados, pero aún temibles. El Freddy- maldadoso como pocos- acostumbraba a molestarlo, gritando y haciéndole muecas. Esta vez no fue la excepción, a pesar de nuestras advertencias. El Freddy sacó de su bolsillo todos los cuescos de las aceitunas que habíamos comido y, de a uno, comenzó a tirárselos al perro que se retorcía de ira e impotencia. El niño reía y tiraba los cuescos que caían entre los ojos desorbitados del Cholo. Se paraba en dos patas y se daba vueltas, desparramando su propia mierda en el patio. Nosotros le decíamos al Freddy que parara, pero a él parecía divertirlo mucho el sufrimiento del perro. En eso estábamos, cuando se abrió la puerta de la casa y tambaleándose salió el Kano. Estaba borracho y furioso por el escándalo del Cholo, pero sobre todo, por la actitud del Freddy, que para el Kano era la actitud de todos nosotros. Sin pensarlo, el viejo caminó hasta la reja del antejardín y la abrió, dándole paso al perro para que cobrara venganza por sí mismo. Nosotros, que estábamos en la vereda opuesta, nos aterramos y sólo atinamos a correr. Yo creo que no lo vi, porque me había dado vuelta para correr, pero de alguna forma persiste la terrible imagen en mi cabeza: el Cholo salió de la casa convertido en una bestia vengadora y, apenas se aprestaba a cruzar la calle para saciar su rabia con el Freddy, fue atropellado por una camioneta que luego le pasó por encima. El gemido fue espantoso, atronador. Caló hasta lo más profundo que pueden llegar los sonidos en el interior de mi cuerpo. En los espacios vacíos, del pecho y la cabeza, quedó reverberando durante algunos segundos. Ante nuestra impavidez y los llantos del Kano, las vísceras del Cholo se desparramaban grotescas sobre el pavimento. Toda la sangre del miserable no lograba manchar su pelaje, aún brillante, tan oscuro como el odio creado en él por el Freddy y que lo llevó a la muerte. El Kano sollozaba de manera atolondrada, haciendo pucheros y gritándole al Freddy "es tu culpa, es tu culpa pendejo culiao". Nadie de nosotros decía nada, menos el Freddy. De las casas aledañas se habían asomado algunas señoras con sus niños, a mirar la trágica escena. Entonces fue cuando se abrió la puerta de la casa verde y salió Danilo con bolsas de basura en sus manos. Llegó hasta donde estaba el perro, lo miró y luego, levantando la cabeza hacia nosotros, nos dijo "ya viren de aquí ahueonaos".




Polanco

20080819

Después del segundo pipazo se metió en la cama. Ahí estaba ella, tambien drogada y semi inconsciente por el copete ingerido. Él alucinaba por la pasta y veía a su amante como una musa rodeada de estrellas brillantes tras un fondo de pétalos negros. Lo más probable es que haya exacerbado la belleza de aquel ser poco agraciado que levantó en una de las rituales fiestas del barrio. No importaba, ahora realmente apreciaba lo esbelto de esa mujer y pretendía tener una noche que nunca olvidaría, por lo menos él, ella ya se estaba desmayando por el exceso. Pescó sus dos piernas y las separó, se acostó sobre el cuerpo casi muerto y palido de la supuesta diosa, y sin mayor meditación penetró. Cinco minutos más tarde unos espasmos epilepticos terminaron en una llamada de emergencia y en un montón de vecinos congregados que obstaculizaban el camino hacia la ambulancia.


infame

20080817

Cuando se abrieron los ojos de mis manos, pude ver que tenía dos manos tapando mis ojos.



Polanco

tuzonamastuzona




Anónimo crucé por todo el barrio, deseando sentir una nostalgia inexistente, extinta, perdida ya como todo lo que de esas calles había perdurado en mi memoria. Realmente dudaba que esas caras brillantes que pasaban a mi lado me miraran o siquiera se fijaran en mi presencia. Suponía que esos, que un día fueron mis hermanos, ya no me reconocerían entre estos harapos. Mejor así, yo ya no quería ser el espejo de nadie. Ellos no tenían nada que reconocer, porque yo ya no era el de antes, todo había sido demasiado real como para ser real. Aunque no me habían olvidado, frente a ellos, no me encontrarían jamás. Yo tampoco lo haría, jamás me volvería encontrar con aquellas calles y ese perpetuo olor a fritura, ahora sólo se impondrían los malentendidos, bromas que me gastaría a mi mismo y que los demás tomaban por tragedias. Ironías sobre ironías. Ya no me escudaría en nada, sólo podría reírme del hipócrita destello de ese mundo que presenciaba desde su centro exterior, como el aguilucho que se posa sobre las ramas más sombrías del árbol de los zorzales, ya sin hambre.

Doblando por una conocida esquina creí escuchar mi nombre, entonces me di cuenta de que toda mi renuncia no había sido sino una expulsión consensuada, demasiado maricona para ser llamada maricona, que nadie me quería allí y yo tampoco deseaba que me quisieran. Ellos trabajaban porque querían, yo respiraba porque quería, no había contradicción alguna. El vacío entre la espalda y el pecho se había llenado de ausencia; empezaba a llover y, como buen cliché, desde una ventana se escuchaba una música: "son gotas/ gotitas de lluvia/ que de tus ojos caen por tus mejillas". El presente volvía a correr al unísono con el pasado desacelerado; paralelos e irreconciliables. Había que puro virarse hacia tu zona más tuzona, y eso hago.







Zolanco

20080813

imagino que es hambre lo que siento
y es imaginada la sangre en el machete
¿cómo soportar tu muerte cariño entonces
si imagino que estás vivo?



Juancalavera

20080812

En el barrio se comenta que eres una puta rastrera de mala muerte, que se te ha pegado el sida y que le haces a la pastabase. Pero no te preocupes, por que no creo lo de la pastabase, sustancia unica para los chorizos.

infame

SOY DUEÑO DE UN CASTILLO CUYA PARED NO ES DE ÁTOMOS

—muchomuchacho


hombre, estás pisando en el aire
marchito, estás observando la nada
borracho, estás incubando el vacío



Juancalavera

20080811

¿Qué es la droga? Dices mientras clavas
tu jeringa en mi venita azul.
¿Qué es la droga? ¿Y tú me lo preguntas?
¿y TÚ me lo preguntas?


Juancalavera

20080804

COMBO Y ARRASTRE

tú no me quieres. ni siquiera recuerdas mi nombre.
¿cómo lo haré para culiar contigo?


Juancalavera

EL JARRAZO

20080803

con estos desastres nos vamos uniendo
o sea despertando parecidos en tristezas
o sea compartiendo la copa y el vacío

amado, esta noche te invito a mi cuarto
para ti he preparado mi vientre


Juancalavera
-Oye viejo tengo algo que contarte
-¿Qué pasó ahora?
-Pero no le contís a nadie todavía
-¿Qué cosa?
-Porque tú sabís que si le contai a la vieja...
-Ya poh vieja, ¿me vai a contar o no?
-Es que parece que estoy embarazada, tengo un mes de atraso
-No me diga
-Sí le digo
-¡Mira que bueno vieja!

En eso suena el teléfono. La vieja contesta.
-Aló, buenas tardes señora
-Buenas tardes...
- La llamamos porque tiene un mes de atraso
La vieja deja el teléfono y le grita al viejo: ¡viejo, viejo, se enteraron, ven a hablar tú!
-Aló
-Buenas tardes señor
-Buenas ¿qué se le ofrece?
-¿Hablo con la casa de la señora Malberta Soto?
-Así es
- Buena ella tiene un mes de atraso
-¿Sí y qué?¿a usted qué le importa?
-Es que tiene que pagar pueh.
-¿Y usté qué se ha creído?
-Bueno, si no paga se la corto no más pueh.
El viejo horrorizado deja el teléfono y le grita a la vieja: ¡vieja, vieja, me la quieren cortar, ven a hablar tú!
-Aló
-Señora, le decía al caballero que si no paga se la vamos a cortar
-Pero señor, no puede hacer eso
-Es que así es la ley
-Es que no podemos pagar, menos en esta situación. Somos muy pobres
-No puedo hacer nada señora, se la voy a tener que cortar
-Se lo ruego, dénos algunos días para conseguir plata
-No puedo
-¿Y qué hago yo?
- Va a tener que usar la velita no más pueh.

La vieja preocupada corta el teléfono. Mira al viejo, igual de preocupado, y le sonríe picarona. El viejo, nada de tonto, sonríe también.


Julio Polanco Varela
Reconstruyendo la historia, me acordé que esa madrugada caminaba con el Ñaja por Carmen con Victoria. Veníamos de un carrete donde Don Cuma, en el que habíamos bailado con unas chiquillas y no habíamos podido concretar por pura culpa del alcohol que nos vuelve inadaptados. Ya cansados de caminar, tratábamos de hacer parar un taxi. En realidad, trataba yo, porque el Ñaja es un flaite culiao "como el arroz", que sólo sirve para acompañar. Pasa un taxi, fuerte y prepotente, sin parar hasta el semáforo de adelante. Yo le grito "para po` sapo feo y la reconchetumare". Entonces del taxi se baja un hombre mediano, de cara media. "Chucha, si este culiao se bajó es porque es bueno pa los combos" pienso yo y saco mis manoplas. No sé qué hace el Ñaja en esos segundos eternos en que yo aleteo puñetes sin éxito. Le doy de pasada en una ceja. Retrocede. Yo en vez de rematarlo me confío y aprovecho de insultar. Se sube al taxi y hace rugir el motor. Yo sigo insultando. Entonces se baja con un bate. Intento correr, pero no alcanzo, me voy a piso en negro. Mentiría si dijera que recuerdo el golpe. Del Ñaja ni rastro mental. Cuando despierto estoy en esta posta ordinaria, al lado de este cuma culiao y cuidado por una enfermera cero aporte que no me da jalea. Mi vieja me cuenta que el taxista puso una denuncia y que voy a necesitar que el Ñaja testifique a mi favor. De nuevo me tiré.

polaco

20080802

401

Me subo a la micro, pongo mi pase escolar quebrado e inútil sobre el validador; como siempre, haciendo la mula de que pago por sobrevivir. La parte delantera está atiborrada de ancianos y mujeres temerosas, huele horrible. Avanzo hacia atrás donde está más vacío, hay un asiento, el último disponible, junto a una mujer crespa y hermosa. Me siento junto a ella y nos miramos de reojo, apenas las miradas se encuentran, rápidamente, ella se apresta a mirar por la ventana y yo a sacar un libro. No me concentro, la conversación que llevan dos viejas que están sentadas justo adelante mío trae atenta a toda la micro, o al menos eso creo. "Sí pueh, él es tan caballero y atento, no como el Herman que cuando llega en la noche quiere puro comer y hacer la cochiná" "ay mija, aprovecha entonces, piensa que este es un regalo maravilloso por lo mucho que te tocó sufrir antes" "eso mismo pienso yo, incluso el padre Ortiz me dijo lo mismo" "entonces pueh, de qué te avergonzai" "no es que me averguence, es que me da miedo que el Herman me pille" "Ay no seai lesa, si ese debe andar quizás dónde ¿como se va a enterar?" "si sé, si sé... pero igual po" "además con cuánta cochina se debe revolcar ese otro en sus viajes" "ay mija, ni lo digai" "es la verdad no más po" "sí, pero ni lo digai". La micro para y las viejas gordas se bajan. Dejan pasado a colonia. La micro ya no viene llena y, excepto el nuestro, todos los pares de asientos vienen ocupados por una sola persona que mira por la ventana. La muchacha que viene a mi lado me pide permiso para salir, yo me paro y la dejo pasar. Ella, en vez de bajar, deposita su curva humanidad sobre el asiento de adelante, donde venía la vieja gorda pasada a colonia con una historia de verdad para contar.
Por ahora, yo sólo tenía ésta.



Polanco
Alguna vez, riéndote sola,
abrochaste tu sostén pensando
que horas después sería yo
quien te lo desabrocharía.
Hoy exploro otras latitudes,
y tu ríes de otras tonterías.


Juan "Ni un brillo" Calavera

20080730

Querido Víctor:

A pesar de que no me gusta ni la chicha ni la limoná, confieso que tomé de la primera hasta explotar los ojos en mil colores moviéndose en sentido fractal, y, luego, de la segunda hasta armar relojes Nicolet. Ninguna sació el abismo desde el que ahora te vomito.


Polanco
La areté en la postmodernidad

Después de que me echaron, logré conseguir una entrevista de trabajo en un diario piante. No quedé. Yo creo que fue por ir con un BUZO DEL BARCELONA y no pescar nada de lo que me hablaba el editor. Yo por ese entonces no podía sacarme de la cabeza las ideas cuando entraban y les daba vuelta y vuelta hasta tenerlas listas, para después darme cuenta de que no lo estaban y siempre cabía más y así pasaba el tiempo. La idea que me daba vuelta ese día tenía que ver con el deporte y el HONOR. Era simple: pensaba que los deportistas de este tiempo carecían completamente de virtud, aquella inspiración divina que llevaba a los deportistas griegos a competir bajo el monte Olimpo en busca de un IDEAL de perfección.

Partamos por casa: El Chino Ríos. El Chino Ríos es un culiao piante sin ninguna honra. No me cabe en la cabeza CÓMO un reculiao que llega al número uno del mundo del tenis puede mear a unos guardias en una disco o tirar a una pudri en silla de ruedas cerro abajo. Ninguna honra. Pa qué hablar del MAGO VALDIVIA; entero borracho y llorón- ¿Qué honra puede tener un FLAITE LLORÓN? Y así entre los chilenos suma y crece la lista: Clarence Acuña fue elegido el jugador más feo del campeonato inglés; Gary Medel se hizo caca mientras lo electrocutaban los pacos en Canadá; Iván Zamorano fue el rostro del Transantiago- cero honor-; Caszely perdió un penal en el mundial y quedó traumado; Nicolás Massú tiene una vieja que quiere puro ser famosa; el Sapito Livingstone encuentra rico a Forlán; el “Catador” Salas es un cerdik; Fernando Gonzalez pololea con una MENOR DE EDAD; Martin Vargas vende golosinas en el centro; Javier Margas puso una cadena de moteles que quebró por unos homicidios; Miguel Riffo va a la TELETÓN. Pa qué hablar de Matías Fernández que fracasó en Europa, no tiene mujer y tiene una pudrición en su cara. Mención aparte para el Pelao Acosta, Pinilla, Bonvallet, Vidal, Peineta Garcés, etc.

Yo, asustado, pensaba que el problema era nacional, pero cuando me colgué al cable me di cuenta de que en el EXTRANJERO es mucho peor. Partamos por el más evidente: Claudio Borghi que es socialista- se le nota en lo barato que se vendió- y le teme a los aviones. Pero ni los más grandes se salvan: Nadia Comaneci es comunista; Pelé era el rostro de los comerciales de VIAGRA; Cannavaro sale en un video dopándose antes de un partido, Beckham le compró un consolador de ocho mil dólares ¿A SU MUJER?; Michael Jordan y el 77% de la NBA son NEGROS; Ronaldo se metió con un travesti; Mike Tyson- sin obviar su raza- está en la cárcel; Kaká es EVANGÉLICO y se llama KAKÁ; Michael Schumacher arreglaba carreras y perdía; Rafael Nadal fue visto en una discoteque Gay con Roger Federer; Mohammed Ali tiene PARKINSON; Darío Silva perdió sus piernas en un accidente y ahora se dedica al remo; los padres de Samuel Eto`o eran esclavos y así podríamos estar toda la tarde . Ustedes podrían pensar en que los ajedrecistas Bobby Fischer y Gary Kasparov son inteligentísimos y HONORABLES, pero es porque no saben que son JUDÍOS. Para qué mencionar a Maradona que es drogadicto, enfermo, cerdik, argentino, comunista y casi se muere en VIVA EL LUNES.

Esa tarde reflexioné preocupado por el estado MORAL de nuestros tiempos. Consulté la Biblia y le escribí a mi madre (en el cielo) sin respuesta. Entonces llamé a mi amigo, el Ñaja, y él, conde sagaz de lo cuma, me dio una respuesta inmediata: el deportista que, como un viejo roble, resiste inmutable el tifón violento y superficial que precede a la tormenta final y con suprema valentía olímpica conserva cualquier HONOR, ése, señores míos, es el humilde PAOLO DI CANIO.







































Polanco GOMES

20080729

TAUTOLOGÍA


Lo que son las cosas, mi amor, mi vida, yo no estaba para nadie ese día, pero usted apareció de un momento a otro y no me dijo nada, no sé si me explico, me habló un montón, quizá exagero, pero no me dijo nada, recuerdo lo de su gato o su canario con una cinta azul, recuerdo lo de su mala suerte para elegir las frutas en el supermercado, nunca le achunta, o muy maduras o muy verdes, recuerdo también que quiso confidenciarme un par de episodios suyos, y lo hizo un poco porque se dio, el verano, el clima, el airecito, la puesta de sol, todo está en la puesta de sol y en el airecito, en el clima de verano, le dije, la botella de agua, quedarse de espaldas al suelo, temblando, esperando algo, de cara a lo inevitable, cómo llegué a este parque, una mujercita muy pequeñita, de senos muy pequeñitos, como las que imagino cuando me masturbo, de hecho me volvió a hablar de lo mismo hace unas semanas y yo le dije que ya me sabía toda la historia, que mejor mirase el futuro, es decir nuestra vida juntos, esto mismo es un decir porque me dijo mucho, sí, una sola cosa, la que yo estoy diciéndole ahora.



Papadoupoulos

20080728

HASTA CUANDO SIGUEN FREGANDO LA CACHIMBA





Nosotros estamos en la misma
pará que el elefante Nicanor.
No somos de derecha
ni de izquierda
Simplemente,
nos rompen
con todo.












me llamo "¿o no me llamo?"

El maricón Foucault decía que nombrar es un acto de poder y yo lo secundo. No hay nada que entregue más información de una persona que su nombre; la tautología es sólo una forma de no asumir el fracaso del diálogo, llamamos coincidencia y metemos la metafísica donde no tiene cabida. No existen alcances de nombres, es sólo la cruda y acaramelada realidad, palabras que se desdoblan y transforman en espejos. Dime tu nombre y te diré quién quieres ser. Los adjetivos no son más que las formas más humanas de los sustantivos. Es cosa de mirar a las las mujeres ricas, todas quieren ser ricas (por algo fingen lo contrario). Por ejemplo, yo me llamo Carlos y de inmediato se podrán imaginar que mi familia es un poco tradicionalista y de izquierda. Puros Julios, Alejandros, Manueles, Víctores y Francos. Vaya sí hay francos en mi familia. Tengo un amigo que se llama Francisco Javier, de lo que inmediatamente sabemos que su familia vive, como dice el Gitano Rodríguez, con "un miedo inconcebible a la pobreza". Conozco a otros tipos que no le temen a la escasez y, en cambio, tienen rabia, profunda rabia. Suelen llamarse Byron, Eric, Marc y nombres por el estilo. Los Renés casi siempre son raros y descartaos. Las Javieras casi siempre son ricas. Los estanilaslaos son autoritarios; las Emas moralistas; los Ignacios más bien reacios; las soledades solitarias; las paces beleidosas, y los Rodrigo... hagan lo que tienen que hacer y les digo.

Polanco

20080727

Sonrisa

Salí de la casa con un portazo. Polanco estaba escuchando Strange Days de los Doors, tratando de lidiar con la relación de amor y odio que siente hacia el engrupido de Morrison. No me interesaba en lo más mínimo ese ejercicio, asi que tomé mis cosas y me fui, enojada. Cuando llegué al terminal de buses me encontré con que el próximo Pullman salía en veinte minutos y, en cambio, un bus Condor salía de inmediato. Las ganas de ver el mar y de perderme en el puerto, como en la canción de los Fiskales, pudieron más que el deseo de comodidad. Por suerte aún quedaban asientos en la parte de adelante. "Buen viaje señorita" me dijo sonriente el auxiliar de viaje, un muchacho que se parecía a Matías Fernández, el futbolista. Me senté en la segunda fila a la izquierda, junto a la ventana y a una muchacha con un montgomery negro. Cuando el bus entró a la carretera yo me apresté a sacar de mi cartera un libro de relatos eróticos. Como siempre pasa con este tipo de libros, me obligaba a estar pendiente de las personas que me miraban mientras leía. Sin embargo, la muchacha del montgomery no parecía importarle demasiado lo que yo hiciera. Realmente tenía una cara extraña, blanca, demasiado flaca y con los ojos muy grandes. Su mirada, además, estaba perdida, desenfocada mirando al frente. Intenté recuperar la concentración en el libro pero era imposible, asi que preferí guardarlo y mirar el paisaje. En eso, la muchacha suelta un suspiro lleno de angustia, dolor y nerviosismo. Se da vuelta y me mira con unos ojos llenos de terror. "Tengo un presentimiento" me dice. Ante mi cara de extrañeza responde con el mismo tono cargado de dolor "Tenemos que cambiarnos de asiento". Me pongo demasiado nerviosa sin entender qué le pasa, tal vez es supersticiosa. "Al lado viene un señor que es pedófilo y está mirándonos", hace una pausa. Sin tiempo de aterrarme siquiera miro a la corrida derecha del bus. Hay un hombre enorme, pecoso y bizco, vestido como oficinista y con un celular en su mano, con el que nos está tomando fotos. La muchacha me mira de nuevo con cara de aterrada y logra sacar un pequeño hilo de voz. "Soy vidente". Se para y se va hacia atrás. Yo me quedo ahí, inmovilizada por el horror. intento mirar de reojo al hombre, pero no me atrevo. Al parecer está sonriendo.























Aurora

Esto es privado

entiéndelo y destrúyelo.

Polanco

Re

"Tío, con todo irrespeto y la más humilde de mis arrogancias, ¿me coopera con una monedita pal vinacho?". Me dice que no tiene y levanta las manos, disculpándose con la mirada. Yo, que no soy muy propenso a aceptar las disculpas, le dedico una mirada corrosiva. En eso llegan dos españoles con cerveza. "Pozh que zomos ezpañolez", "ni un brillo, el Colo le ganó al Real Madrid" les digo. "Poz que en Barzelona el hip hop ez una cultura que contiene el grafitti, el rap, el break dance...". Me dan cigarros y cerveza. Yo, en agradecimiento, les recomiendo ir a caminar por Matucana pa que entren en confianza al filoso toque. Se acerca una mina."Princesa, ¿me coopera con una monedita pa la micro?". Media hora más tarde, y con la borrachera ya un poco recuperada, llega Petter. "Wena weón, tenís vino". "Eso es lo bueno de esta plaza de mierda, que está llena de revolucionarios que pagan por su café y sueltan monedas para los pobres diablos" "Sí, ahora vamos al río" "ya igual". Todavía no reparan el paradero, asi que rompemos focos. Como nunca, llegan los de la seguridad ciudadana. Corremos y nos perdemos en un barrio cuico y fome. Nos sentamos en la cuneta y, de inmediato, desde una ventana de un segundo piso se asoma una vieja en bata. La miramos y se intimida, se tapa un poco con la cortina. "¿Qué te pasa vieja y la conchetumadre?" le grito. El resentimiento por lo menos es un sentimiento; yo soy resentido de todo, menos del ano.

Polanco

20080726

COMO TE EXTRAÑO MI AMOR POR QUÉ SERÁ

No podía ser la marihuana el centro de mi vida, ni el periodismo. Por esa razón empecé a meterle pastillas al copete y me volví pintor. En el primer cuadro que hice una mujer caminaba desnuda, mutilada, por una ciudad destruida por una bomba de hidrógeno. Lo llevé a un bar, lo cambié por cerveza, le metí pastillas a la cerveza, y ahí se me ocurrió matar a la Carola. De fondo sonaba Leo Dan. Entonces fui a casa y pasó lo del perro, y pinté doscientos cuadros como penitencia. Doscientos perros muriendo en delirio tembloroso. Pancho Wander, que siempre pasaba por mi casa cuando venía de la parroquia, me los compró al toque, aunque dijo que no tenían ni un brillo, pero que para algo le servirían. Con la plata que me dio viajé al norte, maté a la puta, me fui en cana y en cana escribí mi libro Gloria y Nosotros Cuándo. Ahí descubrí mi gusto por los morenos, y ofrecí mi culo a cambio de drogas varias. Me llamaban La Maraca Raquel. Y qué pasa.


Juancalavera

Puntos aparte

Llego a redacción y me encuentro con las miradas piadosas de mis compañeros de trabajo. "Está despedido" me dice el homosexual reprimido de mi jefe. "Ni un brillo voh y tu puto diario" le respondo, lo escupo y me voy. En la calle deambulo sin rumbo. ¿Y ahora qué? me pregunto, mientras me río de un escolar que le saca fotos a unos perros culeando. Tomo la micro al bar italiano. "Ustedes no tienen remedio" me dice el tío Chure cuando entro. Le estoy pidiendo una cerveza y escucho un silbido, es Juan Calavera que está sentado en una mesa. Me cago de la risa y le pregunto "¿Qué chucha estai haciendo aquí un día martes en la tarde?". "No quiero trabajar más, no tiene sentido tanto informe y archivo y mierda que nadie lee y que no sirve para nada más que para justificar de alguna forma el tipo de vida de unos conchasdesumadres" "tenís razón, a mí por la misma actitud me acaban de despedir" "estaba bueno ya po" "sí, mucho tiempo siendo una perra de estos weones" "sírvete chela mejor". Me cuenta que había dejado de tomar por unos días porque había llegado a su casa borrachísimo y, sin darse cuenta, había pisado al perro poodle que le había regalado su mina el día anterior y lo había reventado. Pedimos no sé cuántas cervezas más y nos vamos en busca de nosequé. Ya está de noche y la calle sigue llena de gente corriendo. "Hace demasiado tiempo que no consigo una mujer" me dice, "yo tampoco, ya me cansé de las mujeres... en realidad del fracaso" "ayer no sé qué mierda les hablaba a las locas, trataba de entretenerlas y parece que no lo lograba" "de aonde, estaban cagás de la risa, el problema es que eso era lo mejor que podían hacer" "sí, se dan mucho color". Entramos al supermercado a buscar algo de comida. Cuando vamos saliendo escucho un autoritario "Hey jóvenes". Corremos, pero un guardia nos cierra el paso. Nos hace devolver la botella de ron y el tarro de papas fritas que llevábamos bajo la chaqueta. Nos lleva a una pequeña oficina con un tubo fluorescente y con una radio en la que suena un partido del Colo Colo. "Elijan ¿Llamo a los pacos o quieren hacer ejercicio?". Elegimos el ejercicio, obvio. Entonces el guardia se acomoda en una silla y nos pide que hagamos treinta flexiones de brazo. "No estoy ni ahí" digo, "chúpalo" dice Juan Calavera. Cuando el guardia amaina tomar el teléfono ya estamos en el piso cumpliendo el castigo. "Ahora cincuenta abdominales" nos dice cuando terminamos. "Viejo conchetumadre" le digo. Estalla en una carcajada. Cuando nos deja ir, vamos por lo nuestro al supermercado del frente. Nos vamos a un parque que está en la orilla del río y donde se ve algo de la ciudad y la cordillera. Cuando llegamos nos encontramos con Piero rompiendo un paradero en el que aparece una imagen de Arturo Prat con el Padre Hurtado. De una patada quiebra los tubos fluorescentes y al piso cae un afiche que dice "Héroe o santo, tú eliges".

Polanco

20080723

con la suma de secretos con que jugamos a tocarnos, con tu amor piante y carnívoro anidando en mis ojos fosforescentes, júzgame, carola, cuando me allegue a tu templo, cargando mi imagen de cueros heridos y acalambradas manos.

así entramos los sucios en tu reino uno tras otro, lo inmoral como estandarte seduciendo tu fe con pulenta astucia, a medianoche las pezuñas temblando.

son tus propias cuchillas las que mi beso dispara, la saliva de tus propios muertos siempre volviendo, tan violentas como rotweiller.

entonces podrías pensar son sílabas demasiado amargas para ser sinceras.

y entonces yo podría decir que mereces la muerte y que yo no merezco el abismo que extiendes como sábana negra entre las curvas de tu cuero y mi tacto celoso, y que es preciso que me detenga para no golpearte y arrastrarte semejante a un criminal sediento, que no todos los hombres somos tan fuertes como las monjas de tu convento.



Juancalavera

20080720

LA ISLA DE LAS FLORES: estudios culturales latinoamericanos


laberintos de flujo
inabarcables
sociedades anónimas
descalabro hepático
cerebros azules
caseríos bastardos
jovencitas cochinas
cuerpos de leche
adoratrices
monjas de lo cuma
aludo al suburbio
a los pajarones
a la dictadura
voluminosa
a duros ambientes
vietnamitados
pastabaseados
toques de queda
paqueos gratuitos
en la gris lleca
madrugadas prohibidas
ingestión de productos
abrasivos
abuso de silencios
de máscaras
de vueltos niños
ciegos de ganas
encaramándose
como brígidos cóndores
jugueteando en la brisa


Juancalavera

        "¿Qué le pasa a la niña, vieja?" "ay no seas copuchento, la Laurita ya no es una niña y tiene derecho a su intimidad" "Pero si no es de copuchento, es sólo que si mi hija va a andar saliendo con alguien me gustaría enterarme" "Por supuesto, si te entiendo", "¿Qué cuchichean tanto ustedes dos?""Nada mija, usté sabe como es su papá" "¿Cómo soy yo, a ver? y usted, mijita ¿Por qué se arregla tanto?" "No, nada...tengo qué hacer".

        Apenas retumbaron sus hombros, Laura supo que había cerrado la puerta con demasiada fuerza. "Bueno, fue sin querer" se dijo, y redobló el paso. A pesar de que acostumbraba caminar por Villasana hasta San Pablo, esta vez dobló en la primera esquina. Cuando lo hacía, se imaginó, o quizás vió, a su padre asomarse en la entrada de su casa ya destinada al olvido. Se sentó en el escalón de la puerta de una casa. Sacó el espejo y encendió un cigarrillo. Se pintaba los ojos cuando se abrió la puerta. En un eléctrico instante, Laura guardó el maquillaje, el espejo, se puso de pie y le sonrió al joven barbudo que salía de la casa. Él respondió con un arqueo de cejas y un "hol.." que se diluyó tímidamente, como su mirada en el pavimento. Recién cuando él se alejó, Laura recordó que tenía un cigarro acumulando cenizas en su mano. Le dio una bocanada, sabía mal. Dejó pasar algo de tiempo y luego caminó hasta el paradero. Esperando la micro estaba el joven de barbas mirándola, o al menos eso le pareció a Laura que creyó haber alcanzado a cruzar una mirada con él, antes de que se concentrara en el horizonte desde donde aparecería la micro. Ésta no tardó mucho en aparecer. El muchacho también subió, pero a diferencia de Laura, no consiguió un asiento. Ella lo miraba e imaginaba una conversación consigo misma. "Sólo falta que él sea Max""¿Te imaginai?""Sería muy divertido... además es muy rico" "Ojalá entonces que sea él" "No creo, acuérdate que Max es rapero y este que viene acá más bien parece un mendigo" "Igual me mira... mejor leo algo". Sacó de su cartera El pan de los años mozos de Heinrich Boll. Abrió el capítulo uno y empezó a pasear los ojos por sobre las letras. Trató de concentrarse, pero le resultó imposible; su cabeza estaba puesta sólo en el esperado encuentro con Max. "¿y si a él le gusta Boll y se da cuenta que no he leído tanto como él y me encuentra tonta?" "que raro nunca haberle hablado de libros" "¿y si me encuentra muy perna?" "mejor no le voy a hablar nada de Boll". Laura guardó el libro y miró hacia afuera; ya iba en la Plaza de Armas. Su vista buscó al muchacho de barbas, pero al parecer ya se había bajado. Sacó su personal y se puso a escuchar un compilado que se había hecho la noche anterior, mientras chateaba con Max. Sonrió al pensar en lo patética que era la situación. "Nadie puede enterarse de esto" "y yo que me burlaba de la Katty". En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en Plaza Italia. Tocó el timbre y bajó. Los nervios la consumían completamente, por lo que prefirió darse una pequeña vuelta por el parque antes de ir al Telepizza, punto de encuentro. Además aún le quedaban cinco minutos. Decidió que era buena idea ir a comprar cigarros para rellenar un poco el tiempo. No quería estar antes que él, mirando a todo el mundo que se parara ahí para ver si cumplía con la descripción de Max. Prefería que él la reconociera como Laura, la muchacha baja, de pelo castaño, con un abrigo negro y un pañuelo verde. Cruzó el Puente Pío Nono para comprar cigarros. Ahora tenía dos cajetillas y ni siquiera le gustaba tanto fumar. Prendió un cigarro, estaba realmente nerviosa. Inhaló tan fuerte que su pecho se infló y, con él, su valentía y personalidad. Ya no había vuelta atrás. Caminó rápido, mirando desde lejos el punto de encuentro. A priori, no veía a nadie que cumpliera con la descripción. Cuando estuvo afuera de la pizzería, corroboró su impresión. Miró su reloj, estaba siete minutos atrasado.

        Joao Sabrosa

        20080719

        "Hoy no tomo" es la primera mentira del día, las otras se relacionan con pensar que nada importa. Las siguientes palabras se tambalean sin estabilidad en mi cabeza: "no necesito del trago para ser feliz". Y que tal si es verdad, que pasaría si aquella reflexión resulta ser real y la puta malcriada quiere quedarse la noche. Un higado dañado por el tiempo se esta quejando. Yo insulto a la falta de lucidez mental que tengo en ciertas situaciones. Realicé un ejercicio bastante productivo, el cual consistió en resumir mi alegría a aspecto de satisfacción concretos:

        -Whisky.
        -Mujeres.
        -Sobrevivir (hasta que me aburra).
        -Comida.
        -Música.
        -Cagar.
        -Estar en paz.

        Lo último me pareció una estupida utopía irrealizable, pero lo puse por si las moscas. Lo único que aporto es desperdicio. ¿Porque la vida debería tratarme mejor que eso?

        infame

        20080716

        Abro los ojos y estoy acostado en el sofá de una casa que no es la mía y que no conozco. Un poco más allá, en el piso, dos mujeres duermen sobre la alfombra. En un rincón, Peter Flan hurguetea una cartera."¿Qué estai haciendo hueón?" le pregunto. "Vamos a desayunar mangos, viremos". Media hora después estamos comiendo mangos y tomando cerveza afuera de un supermercado. "Te he dicho que no me gusta la cerveza negra" le digo. "A mí tampoco, pero era lo único robable". Peter es un demente cansado de disimular su violencia. Yo no soy violento, pero siempre me he visto rodeado de homicidas esquizoides. Llegamos a la casa de Juan Calavera que sigue con la misma ropa que tenía la última vez que lo vimos, tres días antes. "¿Trajeron la merca?", pregunta y al recibir un no como respuesta nos cierra la puerta en la cara. Peter toma una piedra y hace mierda el ventanal de la casa. Corremos. "¿Y ahora qué?" me pregunta, como si yo tuviera respuestas para algo en esta vida. Llegamos al bar italiano y en la puerta la tía Corina nos dice "no me van a decir que vienen sobrios". Nos reímos y pedimos otra cerveza. Me acuerdo de lo de Héctor y me voy; Peter se queda en el bar. Media hora más tarde estoy escuchando a Héctor leer lo último que escribió. Sufre por una mujer a la que llama burguesa. Yo le digo que la palabra burguesa es curva, suave y exquisita. "A mujeres como ella no les puedes prometer la luna sin antes mostrarles el cohete". Entiendo su sufrimiento, porque es solamente otra forma de ver mis pasados calvarios. "Antes era el infierno, ahora es la pobreza" le digo, "hay que sangrar a diario para escapar del horror de ese mundo real en que no vivimos, ni queremos vivir". Alguien toca la puerta estrepitosamente. Voy a abrir y me encuentro con Juan Calavera, con la misma ropa, sosteniendo el cuerpo de Infame, incosciente. "Otra vez lo mismo" me dice. Aburrido de tanta mierda, tomo mi chaqueta y me voy, en busca de algo distinto.

        Polanco

        20080715

        Intenté con una antología del materialismo poético del siglo XIV, con el doble ladrido pastabasero de una mujer histérica y con la monía demaníaca de preferir el silencio de las risas al silencio de la pantalla. Nada resultó y no se bien por qué.

        Me revolqué sobre la tierra fértil, tragué mis piedras y sus dientes, invoqué el vómito y sólo llegó el silencio, y luego el ridículo. Entonces vino la obsesión por los alambres y las formas y los sonidos y las manos y la renuncia a la comunicación. Fustigué las ideas hasta expulsarlas en forma de sudor, deambulé sin dirigir la mirada, huyendo, siempre huyendo.

        Entonces me encontré con el agua, con el río y el cielo que volvía a ser azul, inmenso, nítido, fresco. Cultivé, sembré, comí, crecí, luché y perdí; todo para volver a escapar sin sentido, con la misma rabia de siempre.

        Polanco

        20080708

        por omisión

        Por que olía sangre entre en la pieza. Frente al televisor un pobre diablo sentado en un sofa fumandose un cigarro. Sobre la cama había una mujer hecha mierda a puñaladas. Un destornillador, poco sutil.

        -¿Que pasa?
        -Nada.
        -¿como que nada? tení la media carnicería en esta wea.
        - A sí, creo que ensucie un poco.
        -Puta la wea, y ¿que pasó?
        -Me dijo que odiaba su vida.
        -¿Y?
        -Y por eso se la quité.

        El desgraciado pensó que le había hecho un favor. Probablemente. "Malos entendidos" me dije y me senté a ver tele con él.

        infame

        20080707

        la sublime monotonía de los segundos
        interrumpida por un culo enorme
        semejante a una fortaleza en marcha


        Juancalavera
        y el cuico culiao me dijo que era un rotito ordinario, y yo le dije aonde la viste sapo conchetumare vo soy el mula julero rasca charcha chanta picante penca flaite punga piñufla gil reculiao ordinario

        Pablo de Caño

        20080706

        CIAO

        Miradas.Sonrisas.Sorbos.Jazz.Caricias.Besos.Ropa tirada.Sexo.Caricias.Sabanas revueltas.Almas ciegas.Dolor muerto.¿Amor?.Ochenta mil.Llamada a un taxi.Revolver.Lágrimas.Un balazo.Sangre.Dos semanas.Putrefacción.

        infame

        20080704

        acaba de morir el pitiuco, fundador del piño más chorizo de cerrillos, los BVM, o Bacilón Violento Marginal. se lo pitió el bambino, de los chamullo, por comerse a la gaby de la vuelta, hermana del pokemón rodrigo. ahora los cabros me dijeron que los BVM iban a cobrar con la pendeja, que en cualquier momento le revientan el sapo a balazos. así mismo me lo contó el chupete en la mañana. me lo topé afuera de la gasco de buzeta, esperando a la tía de los pitos, pero la tía no llegó nunca, que anda fondiá dijeron, que vuelve mañana o pasao, así que caminamos por la línea hasta juanito de los porros, y ahí en ese mismo pique me contó que la milocho ta presa, por pasta, porque parece que la pillaron chupándosela a un pendejo como de doce en la plaza de los bomberos. yo lo escuchaba no más y me reía. siempre tan copuchento este volao culiao, pensaba, y seguía tirando piedritas al zanjón.

        Pablo de Caño

        20080703

        instinto criminal

        -¡Ya gordo culiao! Todas esas botellitas de copete que cuestan más de diez lucas las metis en la bolsa.

        Aquella situación sobrepasaba los límites de lo grotesco. El borracho sostenía apenas una botella rota y amenazaba con tirarle unos tajos al maldito gordo grasiento que estaba sentado detrás del mostrador si es que éste no hacía lo que él le pedía. Los primeros quince segundos fueron críticos, se notó como le subía el pánico al obeso desde la raja hasta los pelos de la cabeza para luego volver a bajar y convertirse en orina. Despues de recuperar el control y la conciencia, que había perdido por culpa del miedo, el mofletudo de cachetes rojizos e inflados se percató de que el pobre diablo que tenía en frente no se podía ni su propia alma, así que sacó el rifle escondido detrás de su asiento y le puso un tiro que esparció los sesos y restos de craneo por toda la entrada de la botillería.

        -¡La puta madre que te parió! Ahora voy a tener que limpiar esta cagaita.

        infame

        20080701

        LO HEROICO ES
        LO BRÍGIDO

        DESPABILAR
        LO SAGRADO


        Juancalavera

        20080629

        DEAD , tres imágenes

        Rene Rodriguez Cruz pegándole su merecido tiro de gracia al capitán de la policía cubana García Olayón en los primeros días de la Revolución.






        María Gallardo, madre de Rodrigo Orias, recibiendo la Unción de los enfermos. A Rodrigo, internado en una clínica siquiátrica, no se le permite asistir a su funeral.






        Jóvenes nacistas son llevados al edificio de la Caja del Seguro Obrero luego de ser desalojados de la Casa Central de la Universidad de Chile . Posteriormente serán fusilados.







        Juancalavera, y qué pasa

        Cambio de Cama

        Marcos siempre pensó que la niñez era un mal necesario. "Con tan pocos años eres incapaz de aportar con alguna idea propia; y si lo llegas a hacer- aparte de transformarte en el chiche de todos-, siempre es producto del azar". Facundo lo escuchaba paciente y sonreía mientras negaba lentamente con la cabeza. Rita, por su parte, oía con una expresión de repugnancia. "Todos los niños son cero aporte y no entiendo porqué les gusta tanto verse reflejados en ellos o verlos reflejados en ustedes mismos. Aunque te cueste asumirlo, tienes que hacerlo. Deja de buscar respuestas sobre ti mismo en tu hijo porque no sólo no las encontrarás, sino que también le ejemplificarás de forma muy clara lo que es la inseguridad", insistía Marcos, cada vez más apasionado. Facundo no sacrificaba su sonrisa, pero se notaba que el embate lo había remecido. "Mira Marcos, huevón, yo sé que para ti nada de esto es real sin tu consentimiento y que piensas que tus ideas te son de exclusiva pertenencia y responsabilidad. No quiero detenerme en esto, aunque crea que estás muy equivocado, porque creo que ahora mismo estai hablando por hablar" y Rita celebraba las palabras de su esposo. "¿Porque no tengo hijos crees que no puedo hablar de niños?" "No huevón, no es eso, ¿Qué tomaste? Lo que yo digo, simplemente, es que entiendo tu idea, sé desde dónde la dices y recorro todo el constructo argumental. Incluso podría anticipar ciertas ideas que vienen ahora, pero, francamente, no me interesa. Tu problema es que para decir quiero algo, dices no quiero nada. Ni siquiera quiero nada, sino no quiero nada. Es fácil hablar cuando no se cree en nada. Es cómodo ser la negación perpetua y nunca estar en el centro de la palestra". Marcos se reía y sacaba un cigarro. Rita se daba cuenta de que hasta ahora sólo había jugado el papel de oyente que, a medida que uno u otro argumentaba mejor, ella lo reafirmaba o negaba con su expresión. Entonces, y sólo con la finalidad de incomodar a estos dos pedazo de sabi-ondos a caca, se paró coquetamente, puso un disco y prendió un pito. Marcos, que notó la provocación, tomó un sorbo de vino. "Es cómodo pensar que la posición del otro es más cómoda. Como decía el poeta, La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído del deseo de cambiar de cama. Este quisiera sufrir frente al calefactor y aquél supone que se curaría al lado de la ventana. Ahora estai como los idiotas que levantan la mano en la asamblea para exigir creatividad. Es más incómodo- y no lo digo como queja, porque no me importan las comodidades- aceptar que ambos caminamos por hielo quebradizo". Rita que ya había sentido el viento cálido pasearse por algún lugar de su cerebro pensaba en cuánto les gustaba a ambos escucharse hablando. No pensaba que con eso perdieran el hilo conductor y hablara estupideces, al contrario, creía que tenían la capacidad de decir y escuchar con cierta independencia a la vez. "Yo creo que esto está más firme que endeble" decía Facundo, "no le puedes pedir a alguna persona que tiene fe que reconozca su acto de fe porque es precisamente pedirle que lo ponga en cuestión. No te estoy diciendo, como tú que te llenas de parches y nunca recibes heridas, que necesitemos de verdades, te estoy diciendo que HAY verdades ". Marcos se rió, burlescamente, "Que buen tema, sobre todo esta versión" le dijo a Rita que, desbonte de coquetería, había puesto un antiguo disco de Facundo. "Lástima que no pueda detenerme a disfrutarlo por la urgencia de respuesta que necesita tu marido". "Yo no necesito nada" respondió Facundo que movía la cabeza y llevaba el ritmo con los dedos sobre el vaso."Bueno, entonces admito que lo digo por puro joder yo. Te escucho hablar y escucho al anciano con pataletas que llevas adentro. Eso de recuperar verdades me lo esperaba del obispo, pero no de ti", "el obispo está loco, yo soy divino y no se da cuenta, ustedes tampoco". "No me metas a mi en esto" dijo Rita. "Te estás escapando" dijo Marcos. "Tú te estás escapando" dijo Facundo, "yo soy divino y no lo quieres ver". Rita se reía y se había sacado la polera. Marcos miraba a Facundo como pidiendo autorización para mirar a su esposa. Facundo no se daba cuenta de nada de esto, estaba realmente poseído por la idea de su divinidad. Rita se servía un poco de cognac. "Bueno profeta, creo que hiciste un estudio de mercado equivocado, acá no encontrarás fieles a tu causa", "todos son fieles a mi causa" gritó Facundo y se puso de pie. Rita también se puso de pie, era fiel a su causa. "No puedo creer lo que estoy haciendo" decía Marcos mientras se ponía de pie. En eso, Facundo corrió hacia la puerta, la abrió, salió y cerró con violencia. Marcos miró a Rita, "sabía que esto iba a pasar" se lamentó, inseguro. "¿Que iba a pasar qué?" preguntó Rita mientras se acercaba suavemente.


        Polanco

        20080628

        ENTREVISTA CON EL PULENTO

        Asolado, o más sólo que de costumbre, descansa un niño, rodeado de frescos desechos humanos. Se abren en su caso infinitas posibilidades de muerte, fuera del alcance de cualquier cámara de vigilancia. Ciudad poblada de indiferencia, Santiago decadente, ojos de acero. / Con este sentimiento invoco a El Hombre con insolencia desmedida, palabras que no vale la pena reproducir. ¿Me llamabas, zángano?, escucho en cuestión de segundos, voz estridente que viene de lugar ninguno, como si fuera mi cuerpo propio el que hablara. ¡Qué chucha!, respondo yo, pegando un salto en mi asiento, sollozando el mismo terror milenario que azotó a los prehistóricos noche tras noche a la intemperie. Entonces hace su aparición, gigante y chorizo negro poblacional, como si nada, y sonriendo entra en mi pieza. No sé por qué verlo me da pena.
        –Hijo mío, guacho Roberto– dice, ofreciéndome su mano de gorila.
        –Qué pasa, hermano– atino a contestar, estrechándosela sin dudas.
        –Aquí está entero de hediondo. Debe ser tu corazón descompuesto. Deja ver si hay algo que pueda hacer por ti.
        Mientras habla sus grandes orificios nasales se abren descomunalmente, como dos cráteres dispuestos a succionar todo el aire de la habitación. Da pasos azarosos hacia a un lado, luego hacia el otro, apuntando su nariz hacia el cielo, y se le deja ver una cadena de oro colgando del cuello. Me tranquiliza en parte verlo así parado, olfateando como un perro, rascándose el ombligo.
        –¿Una cerveza?
        –Dale po, me responde. Mira que allá arriba hay Ley Seca.
        Saco un pack del refri, y a medida que las latas se vacían nuevos temas van surgiendo. Yo hablo del tribal ritualismo de los pueblos en estado de naturaleza; él de un mundo sublunar, de la conmoción extática virginal y de la posibilidad de revirginizarse. Yo cito a Lewis Carrol: “Amada, no somos más que niños grandes que se agitan en vano cuando llega la hora de dormir”; él dice añorar los tiempos de Azkargorta, con quien asegura tener mucho en común. Cita cien veces de corrido a Galeano.
        –“El técnico jamás cuenta el secreto de sus victorias, aunque formula admirables explicaciones de sus derrotas: «Las instrucciones eran claras, pero no fueron escuchadas» dice, cuando el equipo pierde por goleada ante un cuadrito más o menos penca. O ratifica la confianza en sí mismo, hablando en tercera persona más o menos así: «Los reveses sufridos no empañan la conquista de una claridad conceptual que el técnico ha caracterizado como una síntesis de muchos sacrificios necesarios para llegar a la eficacia»”.
        Luego estalla en carcajadas, sonoras erupciones subterráneas. Yo disfruto tanto la conversación que, osadía del borracho, le pregunto a qué religión debería suscribirme, cuál es la más efectiva para seguir comunicándome con él.
        –Te recomiendo el ácido, dice para mi sorpresa.
        –A propósito, Dios, has leído, le pregunto, has leído a Bukowski.
        –Bueeeno, lo de Carlitos fue sólo un proyecto fallido, como lo de Jesús y tantos otros, me entiendes, un experimento evolutivo de liberación y enfrentamiento entre el individuo y la especie, relación nunca satisfactoria por lo demás, y que a la larga no podía terminar en más que en… bueno, ya sabes como terminó.
        De ahí en adelante la conversación se pierde entre los vapores del alcohol. Creo haber destapado un par de botellas que tenía reservadas para algún ocasión especial, para dar paso al desenfreno, al éxtasis divino.
        A la mañana siguiente despierto sólo en mi cama, agotado pero satisfecho, y de inmediato pesco el teléfono para llamar al amigo Peter y contarle, que como Alcmena, he comprobado su expresión favorita, Juan 4:8: “Dios es amor”, y créeme Peter, más amor del que te puedas imaginar.


        Juancalavera

        20080626

        Inmundo callejon lleno de ratas y basura por todas partes. "¿Que estoy haciendo aqui?" ni la más puta idea, quizas buscando algo más repugnante que mis pensamientos en el silencio de la ciudad. Veo que algo se mueve bajo un monton de cartones al lado de un tarro lleno de mierda. De ahi mismo provienen gemidos delirantes parecidos al de una bestia siendo deborada por hormigas, gusanos y alguna que otra cucaracha hambrienta. Le doy un par de golpes al bulto para ver si el animal reacciona o sale de su agujero, pero nada. Solo gemidos y más gemidos. Desesperado por ese ruido agonizante y enfermizo levanto los cartones y...¡MIERDA!...Sí, pura mierda, una encima de la otra, capas y capas de mierda. Una imagen que puede gatillarte la esquizofrenia, y asi fue. Me bajo el cierre del pantalon y empiezo a mear el cerro de putrefaccion enfrente mío, como si quisiera darle vida a esos gemidos para que dejaran de ser gritos sin sentido, para que se articulasen dentro de lo coherente. Creo que lo estaba meando para que hablara conmigo, para contarle que nosotros tambien nos consumimos con el tiempo y terminamos siendo una masa en descomposicion. Queria decirle que, a pesar de que es un cumulo de excremento, le tengo cierto cariño, respeto incluso, que si algun dia decidia postularse para presidente que contara con mi voto. Pero nada. Ni una sola palabra. Hasta una pila de porqueria me niega la amistad. Entonces, aburrido de la inercia, le prendo fuego al monticulo. Mis carcajadas hilarantes reemplazan por momentos sus chillidos moribundos, por momentos su incineracion me produjo felicidad.

        infame

        20080625

        NOS ENGANCHAMOS A TANTOS TRENES ARRASTRADOS POR LA DESCORTECÍA

        …por eso me emborracho
        y abandono.


        no son nuevas mis omisiones, mis recursos, toda esta palabrería. soy conducido por una antigua voz humana, distante y olvidada, en estos tiempos tan cómodos. cuestiones como la muerte o la nitidez de la verdad tratan de inculparme, causando preocupaciones que me alejan de la fantasía. de ahí tanto rollo amargo e ingrato, mal carácter, violencia para con los amigos. ahora voy en micro por departamental, y las otras personas que viajan conmigo conversan entre ellas o leen el diario, seguras de que llegarán a sus casas y que ahí todo seguirá como siempre, la mujer esquiva como el alimento, la alta cuota de tolerancia exigida por tributo a cambio del espejismo de la seguridad. toda esta rutina es la que enferma, esta huella que repasamos una y otra vez como fantasmas, con la rabia acumulada de los injustamente condenados.

        resulta increíble pensar que aún así hay hombres que defienden el derecho a enamorarse. otros siguen esparciendo pólvora en el aire. y qué podríamos decir, aparte de inventar fracasos ajenos con los cuales dispersarnos, antes de hundirnos del todo. no podemos culpar a los hombres por sus errores, pero si por no tratar de remediarlos. los traficantes también brindan por sus madres.











        Juancalavera

        El viento nos hacía carne

        Por esos tiempos yo pensaba en la libertad con más frecuencia que ahora, aunque eso no quiere decir que fuese más libre que ahora- porque eso no lo sé ni lo sabré nunca- y no importa que Eugenia diga que no es así. Ella en esa época no me conocía o, mejor dicho, no creía conocerme como lo dice hacer ahora. Yo todavía no renunciaba al acto de fe que implica operar con un mundo exterior. Para mí existían los amigos, las tardes de cerveza, los malos finales en las películas y el calor de diciembre como cosas autónomas y totalmente libres. Pensaba que de alguna manera la libertad tenía que ver con que el viento y el río pudiesen ir en direcciones opuestas sin estorbarse.

        Una de aquellas tardes, tan difíciles de encasillar- habrá sido un año o quizás cinco-, en que no existían patrones comunes de lo que podría ser un día u otro, estaba yo tirado en la cama de Laura mirando el techo y seguramente escuchando “Auto Pilot”- en aquella época todavía le encontraba algo de romanticismo a tener héroes privados-, cuando entró ella y enojada me dijo cosas como “Oye hueón, ¿Acaso pensai estar todo el día acostado?” “Me dai asco, te contradices todo el rato” o “Se te nota que no me quieres”, a lo que yo sólo podía mirar y tratar de soltar mi mejor chiste o, por el contrario, enfadarme y empezar con un discurso cargado de crueldad e ironía. Me gustaba defender mi derecho a sentir cada músculo y recibir tranquilo la irrigación de la sangre, pero también me gustaba responder en la lógica del utilitarismo. Por eso era posible escucharme decir frases pajeras que fluían junto con la exhalación:“Oye preciosa, la música está buena... déjame acá un rato y después te vienes a acostar conmigo”; y por el contrario, también era posible que armara un escándalo en reclamo por la alienación de nuestros supuestos salvadores, por los tontos útiles y, sobre todo, por el sabor amargo que crecía a medida que hablaba. Entonces gritaba largos discursos en los que decía cosas como “sólo olvidando se puede recordar, ya no hay grandezas de por sí; son sólo dinámicas de poder que tenemos que romper”.

        Otros días me juntaba con personajes como Jarrison, Petter Flan, Danilo el dañino o Eusebio. Esos días nunca eran iguales a nada, ni siquiera entre sí. Jarrison solía encararme que en mis prédicas había algo de divino. Yo no lo creía para nada y pensaba que el divino era Eusebio. Recuerdo una tarde cuando en el metro- completamente lleno- él nos hablaba en tono de arenga, imbuyéndonos ese valor que luego, como si nada, olvidábamos con las drogas. De pronto, la gentedel vagón comenzó a guardar silencio y a escuchar a Eusebio. Yo lo miraba y me parecía un gigante, un hombre superior ante el cual todos éramos simples corderos. Creo que parafraseaba a De Rokha, a ratos, y lo hacía muy bien. “Diez veces maldigo a la piedra en que caerá tu sangre para que el viento la haga carne y, con ella, diez veces más libre al hombre” decía, mientras yo observaba como todos los pasajeros apretaban con fuerza los fierros de los que se afirmaban. A Laura no le gustaba nada este tipo de amigos. Cuando llegaba tarde y borracho a casa me decía “te estuve esperando con mis amigas”, yo entonces pensaba que había sido mejor no llegar y simplemente la besaba hasta llevármela a la cama. Allí todo era fantástico, ella después decía “Imbécil, si escribieras tan bien como me sujetas ya seríamos millonarios”. Yo la miraba, sonreía y le respondía que no lo había hecho bien, que aún quedaba mucho por sacar de adentro; “te amo” me decía, “te amo” le respondía. Tiempo después pensaría en poner en duda esas palabras, para luego arrepentirme de sentir arrepentimientos. Ahora no me arrepiento de nada. Ni siquiera de aquella noche en que Infame conducía el Palomo a toda velocidad por la Costanera de Con Cón, parando en cada playa y echando un vistazo en busca del cadáver de Juan Calavera. Al otro día nos dimos cuenta de que él estaba en la caja trasera del auto, con principios de ahogo. Lo llevamos al hospital y pronto estuvo bien y se perdió por meses.

        Petter Flan me decía, por esos días, que la violencia lo superaba. Que no podía concebir ningún tipo de moralidad sin pensar en destruir su soporte físico. De esta forma vagaba por el país destruyendo señaléticas, automóviles, hombres y mujeres en nombre de la libertad. Laura decía que era peligroso y yo le respondía “tranquila, Petter tiene un corazón de oro” y él se reía y tomaba cerveza.

        Una tarde llegué a casa y sorprendí a Laura con Danilo el dañino. Estaban dormidos, desnudos y borrachos. Golpeé levemente sus caras, pero ninguno de los dos dio señales de despertar. Tomé el pantalón de Danilo y saqué todo el dinero que tenía. Debió haber estado recién pagado porque tenía mucho dinero. Fui hasta la casa de Petter y me encontré con Juan Calavera en bata, bailando arriba de un sillón. Habían tres mujeres drogadas que reían y aplaudían cada paso. Yo tomé algo de STP y creo que luego me acosté con una. Al otro día, mientras vagaba por un parque, me llamó y me dijo que se llamaba Eugenia. Dijo que le gustaba el STP y me invitó a probar lo que tenía. Esa tarde sí tengo certeza de haberme acostado con ella. En ese entonces me importaban más las mujeres, por lo que me quedó grabada la sonrisa en su cara cuando Laura entró abrió repentinamente la puerta, me tomó del pelo y me gritó “¿Qué te crees hijo de puta?”, yo me la aparté de un empujón y le clavé una mirada profunda y furiosa. No dijo nada y se fue. Miré a mi lado y Eugenia seguía riendo, esto se ponía bueno, me vestí y salí tras Laura. La persecución no duró mucho: estaba afuera de la casa, fumándose un pito en la cuneta. Me senté con ella y pronto salió Eugenia diciendo “¿y tú no ibas a probar del STP?”, yo miré a Laura y ella me miró a mí. Luego ambos miramos a Eugenia y los tres estallamos en una carcajada. Creo que más tarde llegó Infame con Eusebio y también disfrutaron en grande.

        Laura solía decirme que yo no pensaba las cosas antes de decirlas. Yo le respondía que tenía razón, que cuando la gente pensaba mucho, decía poco y a mi me gustaba decir mis cosas, aunque no las creyera. Ella no entendía la diferencia entre creer, pensar y decir. Para mí lo importante era tenerla a mi lado y sentirme con la fuerza para pensar, creer y decir lo que se me viniera a la boca, en cualquier lugar y a cualquier hora de aquellos días soleados.



        Polanco

        20080621

        PASTAS CHICOS

        .
        .
        somos
        caleta
        eneste
        nocturno

        elpiño
        enfermo
        deunbarrio
        sincancha

        delmunño
        enpasta
        nosalienamos


        Juancalavera

        20080619

        De Aurora y Palomo

        La mañana siguiente al clímax telúrico despierto y nada ha cambiado, por lo menos en apariencia. Prendo un pito para corroborar que todo sigue igual. Así es. Me visto, salgo a la calle y me encuentro con Aurora. Ella sí que cambió; sus curvas están más pronunciadas y algo en su cara parece más simpático que de costumbre. Se me empalma. La invito a unos tragos. Rechaza mi oferta y dice que tiene que hacer no se qué, que nos vemos en un rato. Me despido. Mientras se va, funo el tato y le grito "no me gusta que te vayas, pero me encanta verte ir". Ella, sin dejar de caminar, gira su cabeza y me regala una sonrisa. Es como en los comerciales de champú. Me siento en la cuneta y prendo un pito. En eso se detiene un Chevette destartalado y ruidoso. Es el Palomo, el auto de Infame, famoso por negarse a partir cuando la música no está al máximo volumen. Recuerdo que un día le pusimos unas canciones de Quelentaro y el motor se averió. Hay que serle fiel y darle sólo música pastabasera. Veo como el oscuro cristal baja y se asoma Juan Calavera.

        -Sube- me dice.
        -¿Qué pasó? ¿Por que andai con el auto del sacoeweas?
        -Sube y te cuento.
        Subo. Va escuchando una música extraña. Algo de cumbia, algo de rap, algo de flamenco; no sé qué mierda es. Juan Calavera está completamente transformado. Lleva puesto un vestido de gitana, unos lentes con espejos y sus zapatillas de siempre. Apesta a alcohol. Le pregunto de nuevo qué pasó con Infame.
        -Ya no me preguntís más por ese hueón, se tiró.
        -¿Qué mierda pasó?- pregunto, mientras le convido una quemada. Calavera fuma mucho y le viene la tos. Entonces recuerd que la noche anterior Infame y este engendro me abandonaron afuera de mi casa por borracho, porque no les servía ya para su plan maestro- acción terrorista que, por motivos de seguridad, no explicitaré acá. De todas formas, creo que ellos estaban igual de borrachos.
        Juan maneja sin sentido. Dobla en esquinas, al parecer, de manera aleatoria. Así estamos durante algunos minutos u horas, no sé.
        - Este hueón la cagó y ahora tenemos que virar. Ya lo encontramos- dice Juan Calavera rato después, con una seriedad que no puede ser sino una ironía.
        -¿Qué hizo ahora?- le pregunto entre risas.
        - Mira hacia atrás.
        Miro al espejo retrovisor y veo que se acerca a toda velocidad una moto. Sobre ella, gritando como un enajenado y jadeando de euforia, viene Infame. Trae su cara cubierta por su tradicional máscara de tela café. Esta vez, con la ropa rajada, sí que parece un espantapájaros. "Vaya", me digo, "sí que cambiaron las cosas con el clímax telúrico". En eso, veo que por la vereda va caminando Aurora. Le digo a Juan que baje la velocidad un poco.
        -¿Por qué no subes?- le grito a ella. Me sonríe y se me empalma de nuevo.
        -¿Por qué no bajas tú?- me responde.
        Pasa Infame enmascarado a toda velocidad, gritando como un desquiciado. Pasa una patrulla detrás. Juan Calavera se ríe y me mira. Todavía suena la música extraña. Me despido de Juan y le digo que otro día me tendrá que contar cómo empezó y en qué terminó todo esto. Me bajo y él acelera en la misma dirección por donde ya se pierden Infame y la patrulla. "¡Aquenomenoqueaaaa!", se le escucha gritar al unísono con el rugir del Palomo.
        Aurora me mira y me dice que no le gusta que me junte con esos tipos. Yo le digo que no se preocupe, que ahora me dedicaré sólo a ella.
        -No te he pedido nada de eso. Lo de que te bajaras era sólo una respuesta, no quería decir que REALMENTE te tuvieras que bajar.
        - Entiendo- le digo, mientras me siento en la cuneta y prendo un pito.
        -¿No vas a hacer nada?- me pregunta indignada.
        - ¿Quieres fumar?
        - Erís como la callampa hueón- me dice, luego me pega una torpe patada en el muslo y se va.
        Aunque no era lo que había planeado, me causa gracia. Le quiero gritar de nuevo "no me gusta que te vayas, pero me encanta verte ir", pero tengo la garganta llena de humo por lo que sólo alcanzo a gritarle "no me gusta que te vayas..." y estallo en tos. Mejor así, pienso.


        Polanco

        20080617

        de manera académica

        El Corcho era un pordiosero que llevaba mucho tiempo buscando la forma de publicar un libro. Para ello había entrado a la universidad; en busca de jóvenes lo suficientemente estúpidos para creer o simular que detrás de toda la palabrería sin sentido que escribía, había cierto sentido poético o, incluso, metafísico. Lo del Corcho no era muy logrado, pero sí novedoso. Él la llamaba poesía poética o arte artístico. Seguramente no satisfacería ni a los críticos literarios, ni a las amas de casa ávidas de leer las aventuras que la escoba les niega. Al Corcho le importaba un rábano eso. Sus más cercanos aseguraban que el libro era sólo una pieza de la obra que completaría luego con otras formas de manifestación.
        Luego de algunos meses sobrepoblados de alcohol barato y falta de inspiración, el Corcho ya era parte de la universidad. Había presentado su libro a cuanto fondo concursable existiera, sin buenos resultados. Un mal día, ya en desesperación, decidió recurrir al alto poder académico. Con el libro en una mano y el gollete de una botella quebrada en la otra, entró a la asquerosa oficina del asqueroso director -que además era profesor de redacción- y lo encaró:
        - ¿Hasta cuándo espero que publiquen mi libro?
        -Mira Corcho, cálmate. Esta no es la forma en que se hablan las cosas en una universidad.
        -Cállate viejo conchatumadre, quiero saber cuándo van a publicar mi libro.
        -Bueno... no se puede hablar así- dijo el director, mientras intentaba tomar el auricular de su teléfono. De inmediato el Corcho lo amenazó con el gollete, a lo que el director reaccionó con miedo.
        -Está bien, está bien. Cálmate. Siéntate acá y conversaremos de tu libro. No creas que no lo he leído.
        Nada más escuchar este comentario, la cara del Corcho cambió completamente. Se sentó y dejó el gollete en el piso (lo suficientemente cerca para tomarlo sin problemas).
        - Cálmate ¿Quieres un café?
        - No, hablemos del libro.
        - Está bien. ¿Qué quieres saber?
        -¿Por qué no lo han publicado?
        -Mira... la facultad cuenta con pocos recursos y...
        -¿Les pareció bueno?
        - La verdad sólo lo leí yo y...
        - No le gustó.
        - Yo no lo diría así.
        -¿Entonces?
        - Es sólo que tu estilo maldito ya está un poco repetido.
        -Mi estilo no es maldito.
        -Bueno, a mí si me pareció.
        -No lo es conchetumadre.
        -Mira, no es lo que les enseñé a ti a tus compañeros sobre la efectividad de la redacción.
        - Ya sé que no es eso.
        - Pero tampoco es otra cosa que pueda suplir las viejas fórmulas.
        - Ya sé que no es eso.
        - Entonces ¿Qué es?
        - Arte artístico.
        - ...
        - Poesía poética.
        - No te sigo, pero dime- el director le arrebató el libro y abrió una página al azar-, por ejemplo ¿Qué quieres decir con frases como "no hay drama en esta historia, sólo la manifestación de una herida que nunca cicatriza, el detalle de un hecho inocente cotidiano como sudar o como volver"?
        - Quiero decir que en esa historia no hay drama,
        sólo la manifestación de una herida que nunca cicatriza, el detalle de un hecho inocente cotidiano como sudar o como volver.
        -¿ Y qué más?
        - Qué se yo, no puedo centrar y cabecear a la vez.
        - Yo no cabeceo nada con esto. Siguiendo con tu metáfora, es como si fuera un centro demasiado alto.
        -No siga con mis metáforas, invente las suyas propias.
        - Bueno, es como un tren que no para.
        - Invente las suyas propias le dije, esa es la misma.
        - No es el tema. La cosa es que nosotros nos jugamos nuestra imagen con lo que publicamos.
        - ¿Y esto enloda la imagen de la universidad?
        - De cierta forma, sí.
        - ¿Yo enlodo la imagen de la universidad?
        - No quise decir eso.
        -No se excuse, viejo maricón, si me importa un pepino. Mucho lodo le falta a esta mierda.
        - Si tú lo dices...
        - Usted también lo dice, pero de manera académica.
        - ...
        - Ya me parecía que era un viejo maricón.
        -...
        - Viejo maricón.
        -...

        En ese instante, el Corcho, enceguecido por la furia, empuñó el gollete de la botella para reventarlo sobre la manchada calvicie del director, pero éste, mucho más rápido y sin que el andrajoso siquiera pudiese darse cuenta, sacó del escritorio un revólver con el que pegó un tiro en el brazo de su enemigo. El Corcho cayó al piso, aullando de dolor. El director se puso de pie con el arma en la mano y apuntó a la cara del estudiante.
        - Di tus últimas palabras, hijo de puta.
        El Corcho lo miró, lleno de odio y le dijo- Veís mucha tele, impotente culiao.
        El director rompió en una sonora carcajada que no se detenía jamás. En eso, el Corcho que veía a su interlocutor en un ataque de risa se incorporó e intentó salir corriendo, pero un grito del director lo interrumpió.
        - Detente ahí o te mato.
        El Corcho se detuvo.
        -¿Quieres que publique tu libro?
        - Sí- respondió el maloliente.
        - Bueno, ten por seguro que lo haré- dijo el director y jaló el gatillo.


        Polanco